• ¿A dónde vas Torre Tagle? ¿Qué está pasando con nuestra diplomacia? Argollas y personalismos desprestigian el legado, otrora reconocido internacionalmente” nos dice en esta reflexión “Torre Tagle Vigilante”

Cuando prestigiados académicos (juristas, historiadores, etc.) le dieron lustre a nuestra diplomacia, especialmente en momentos aciagos de nuestra historia, cuando en el campo de la negociación hacían lo posible para equilibrar desfavorables coyunturas internacionales con algunos países vecinos, demostraron su talento y patriotismo.

Posteriormente, con el fin de profesionalizar institucionalmente a los futuros cuadros diplomáticos se crea la Academia Diplomática del Perú (ADP – 1955) y así, durante un buen tiempo se continuó manteniendo el nivel, la tradición e imagen de nuestro servicio exterior.

Pero, ¿qué ha pasado ahora?

La Fiscalía de la Nación anuncia investigaciones a Cancillería «por existir elementos suficientes para hacerlo». Pero ¿qué ha pasado?

Pues parece que el personalismo, la ética resquebrajada, la casi inexistente meritocracia y el relajamiento respecto a nuestra propia legislación nacional y constitucional, han propiciado el favorecimiento de convenidas y sesgadas interpretaciones reglamentaristas que vienen corroyendo los valores que antes la identificaron y sustentaron. Todo ello, llegando al extremo de cometer, más allá de faltas administrativas, delitos evidentes administrándose al respecto una «justicia a la medida» de los intereses de turno de las argollas o cúpulas de poder que respaldan o condenan, según sea el caso.

Desde que se empezó a imponer, contra toda lógica institucional, ascensos y nombramientos a importantes puestos en nuestro servicio exterior. la meritocracia estuvo casi ausente, y ni qué decir para el importante cargo de Canciller de la República, éstos fueron nombrados sin poseer importantes trayectorias, la experiencia ni expertis necesaria (tanto diplomáticos de carrera, cuanto personajes políticos). Tales Cancilleres «de papel» contribuyeron al debilitamiento de nuestra imagen institucional, así como las bases de nuestra política exterior y la defensa de los verdaderos intereses permanentes de Estado.

Y con todo ello, y «a río revuelto», el dominio institucional por parte de las argollas tradicionales se fue haciendo más sólido y evidente y la mediocridad comenzó a ganar terreno a la par que los abusos e injusticias y personalismos eran «moneda corriente» y, como la Cancillería no está precisamente en el «radar» y el escrutinio permanente que se hace de nuestra política interna nacional (salvo temas puntuales), pues todo se resuelve «puertas adentro».

Así vemos que dentro del uso malintencionado del poder en Cancillería verificamos inclusive conductas infraternas que atentan de manera colectiva contra los justos reclamos de un buen número de colegas a quienes no se les quiso reconocer el pago de sus CTS, derivándolos más bien al Poder Judicial, para que sean resueltos, en largos procesos individuales judicialmente.

Por otro lado, el verdadero control del poder interno se plasma en los procesos administrativos disciplinarios. Con lo cual se intimida, se amenaza y se presiona a los que están fuera de las argollas de poder o a los que les resultan incómodos, ejerciéndose a través de ello, verdaderas “vendettas” personales o institucionales.

Casos los hay de todo calibre y variedad

Por ejemplo:

  • Tenemos el caso del Embajador Fortunato Quesada que hoy en día el Poder Judicial ha comprobado que se hizo un manejo irregular (e ilegal) para destituir a un Embajador a través de un complot mediático que fuera direccionado (algo inaudito) por el propio Ministro de Relaciones Exteriores de entonces (Embajador Néstor Popolizio). Sin importarle exponer con ello el prestigio y la propia imagen de nuestro servicio exterior.
  • Otro caso, que aún se mantiene convenientemente solapado, es el de un Embajador acusado de acoso sexual y laboral (siendo reincidente en tal tipo de acusaciones). Y que la víctima o demandante (funcionaria diplomática, también) pasó a ser de acusadora a acusada en el mismo proceso; no obstante la abundancia de pruebas presentadas a la Comisión disciplinaria de entonces. Sin embargo, no sólo se le exculpó a tal Embajador sino que, poco tiempo después, el nuevo Canciller nombrado (Javier Gonzales Olaechea, su antiguo amigo) lo nombra nada menos que Secretario General. Y esto lo hace desplazando olímpicamente al titular de ese cargo, el hoy actual Canciller Elmer Schialler, a quien parece que “no le entran balas” y que a pesar de su salida intempestiva de esa época; y luego de su reciente y “afortunada” designación (por recomendación de la fallecida excanciller) parece que no ve nada anormal en Cancillería. Más de lo mismo.
  • Otro escándalo suscitado recientemente en la Académia Diplomática es respecto al proceso de admisión para nuevos postulantes, el cual ha sido denunciado en diversos medios por manejos irregulares en tal concurso público. en el que se puede observar una absoluta falta de control y supervisión. Todo este episodio tiene un comienzo poco transparente. Pues la fallecida ex Ministra de RREE (muy cercana al Embajador Gonzalo Gutiérrez) lo nombra como director de la ADP.
  • Pero este ambicioso Embajador (al poco tiempo de su nombramiento) se da cuenta que se presentó un cargo más apetecible (económicamente) que era el de Director General de la Comunidad Andina (CAN) pues ese cargo, de manera rotativa, le correspondía a nuestro país. Y entonces, le solicitó a la citada ex Canciller, que lo propusiera oficialmente a tal cargo. No contento con ello, tal Embajador intercedió para que la entonces Ministra pueda designar en el cargo que había quedado vacante en la ADP y pueda ser ocupado por su entrañable amigo personal, el Embajador Julio Garro quien, ciertamamente, no reúne ni la experiencia ni los méritos académicos y profesionales para un cargo de tanta responsabilidad en la formación de los futuros diplomáticos en el “alma mater” de nuestro otrora prestigiado servicio exterior. Bueno los resultados saltan a la vista.

En fin, faltaría espacio para innumerables casos de burdos favoritismos e injusticias a funcionarios diplomáticos, de todo nivel, que fueran afectados violando normatividad del debido proceso. Actuando sesgadamente “al interpretar” el propio Reglamento del Servicio Diplomático, dejando en algunos casos a colegas diplomáticos frente al escarnio mediático sin aclarar de manera institucional las imputaciones de manera objetiva. Claro está que, salvo que el personaje en cuestión integre las afortunadas filas (o sea próximo a ellas) de las argollas de poder en nuestra Cancillería; ya sin el brillo de antes.

Entonces, como diría Shakespeare en uno de sus poemas: “¿Habría que seguir rogando al Sordo Cielo con gritos vanos y fuertes” por un milagro? Y nos devuelva una Cancillería como la de antes. Rogaremos entonces, gobernantes.

-Torre Tagle Vigilante

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